Hoy
Hoy es el último día de enero del 2004, un día especial porque nunca va a existir en toda
la vida otro 31 de enero del 2004, porque hacía casi un mes que no socializaba más que con mi gato y tener una conversación fluida con alguna persona me suponía cierta dificultad a la que, de hecho, creo, ya me acostumbré.
Aquella calurosa
tarde, intentando seguir el ritmo en su conversación lo cual era arduo trabajo, caminábamos con mi padre cuando
sorpresivamente de una esquina dobla una señora vestida con aires de ser de la zona, es
decir, de salir con pijamas a comprar, lo curioso fue sus plantillas, tenía media plantilla fuera de sus zapatos. Éstas chasqueaban al pegar contra su pierna, y
de cierta manera esos zapatos estaban haciendo el "ridículo" a plena luz del día.
Estas plantillas
color mugre se comunicaban con aquellos zapatos color tierra de alguna
misteriosa manera, tenían demasiada química, bailaban, danzaban, me los imaginaba tomados de la mano ensayando un vals.
Cuando la señora freno debido a un semáforo, la parejita de baile hizo una pirueta y
se miraron a los ojos buscando aprobación de la audiencia, al cambiar el semáforo siguieron a toda coreo y ahora esquivaban
gente que cruzaba desde la otra vereda como un longboard cayendo colina abajo,
un dinamismo que nunca vi.
Repentinamente se
detuvieron en un kiosco, mi cuerpo continuó caminando pero mi cabeza giró 180°, a la fuerza tuve que quitarles la vista de
encima y para entonces mi padre me observaba inquieto insinuando o esperando
alguna respuesta de mi parte, supongo, en consecuencia a lo que me venía comentando. Tras un profundo silencio en que
nuestras sombras se hacían compañía en la cartelera del kiosco, intente un comentario general y esforzado en referencia al tema, pero fracasé una vez más.
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