Beethoven
Después de escuchar
aquellas desgarradoras palabras sintió como su corazón se paró y
de repente entró en taquicardia, sintió que sus venas respiraban y
estaban vivas, sintió su sangre correr, sin embargo solo tragó
saliba, contuvo el aire y lo expiró suavemente por el esófago como
había aprendido en sus clases de yoga.
Aunque deseaba
rotundamente escupirle la cara, sonrió autocondescendientemente.
Pasado un tiempo, cuando
se acerco para saludarle, (sin pensar en nada) mordió con todas sus
fuerzas su oreja, sintió como su boca se llenaba de sangre de a
poco, aturdido por los gritos apretó su suave y delgado cuello con
ambas manos hasta sentir crujidos y finalmente … silencio..., luego
le escupió los restos de oreja sobre su cara mientras reía
desaforadamente con los ojos bien grandes exponiendo toda su
dentadura cubierta de rojo.
Por qué mordiste su oreja ? - le pregunté
Me contestó que al fin y
al cabo su sangre sabía deliciosa.
En que pensabas ? - le
pregunté
No sé – me
contestó – solo sé que en mi cabeza sonaba una armoniosa sonata
de Beethoven.
Comentarios
Publicar un comentario