S'he´s el otoño



Todavía recuerdo esa secuencia de imágenes, tan latentes, tan presentes en mi como si hubiera sido hace instantes. Caminabas distraídamente como quien no tiene que estar en ningún lugar a determinada hora.

El frío viento decoraba tus esféricos pómulos en un híbrido entre un húmedo rojo y un rosa diluido de pétalos (en forma de elefantes de esos que aparecen en los sueños)

Tus ojos me hacían dudar de su realeza, parecían extraídos de alguna pintura renacentista, de algún escultor que dedico toda su vida a pintarlos, de algún perfeccionista que retoco una y otra vez tu iris, hasta lograr esa magnifica y maravillosa obra de arte.

Tus labios desmesurados y espesos, apenas geométricos, perfectamente maleables con un tinte de rubí (pintados no hace mas de una hora y media) empalmaban furtivamente a tus mejillas en una ráfaga de colores, al menos eso le decía el labio superior al inferior en una especie de yuxtaposición.

Tu nariz colorada producto del clima, no era mas que un punto omiso, no era peculiar ni habitual, no era lógica, tampoco ilógica. Su mera existencia era tan diferente como indiferente.

Vestías un sobretodo oscuro y abotonado, exceptuando el primer botón lo que denotaba el cuello de una polera de un falso azul que divagaba en un horizonte entre el cielo y el mar caribeño. Las puntas de su bufanda mostaza-miel desflecada flameaban al compás de sus pasos y del viento en los arboles, mientras el resto rodeaba su cuello acoplando insinuadamente una secreta conspiración junto con sus ojos ocasionando uno de los mayores desastres visuales que he tenido.

Un cabello suave rizado, un rubio de hojas otoñales, marcaban su estela fumigando todo a su paso, todo aquello que creía ser lindo, quedaba fuera de foco, lo demacraba, lo hacia imperfecto e insignificante. De pronto no había paisaje sin tu presencia, todo me resultaba extraño, el arcoíris se divisaba de modo monocromático y el viento corría en forma de llamaradas inconsistentes, los colores eran vulnerables, perdían su apariencia en una ridícula vehemencia y su química era deficiente.

Sentadx en un banco, desde mi visual, busque su mirada, y al encontrarla liberé sin pensar absolutamente en ninguna clase de repercusión ni en nada asemejado un estúpido e incrédulo “hola” el mas fútil de toda la humanidad.

Ellx solo asintió y me sonrió apiadándose condescendientemente o quizás conmovidx, solo puedo decir que las curvas de su sonrisa requieren de un tomo mas de descripción.

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