No me sale ser un ratoncito más
Me detuve en el semáforo de Chile y Rivadavia esperando que circularan los autos para cruzar a la plaza independencia pero algo me detuvo, me perdí entre esa paleta de colores, ese degrade entre las copas de los arboles y el infinito cielo, algo me hipnotizó, no quería moverme, observaba con mucha claridad las energías e intenciones de la gente, en sus caras no había presente, solo un ridículo pseudo-conformismo de lo que algunas personas llaman vida o vivir.
Me aburre todo, me aburre tener que expresar o imponer una opinión por sobre otras, me aburre tener que demostrar algo de valor para que te valoren, como los pájaros con sus cantos sincronizados para atraer la atención de la hembra, como los chimpancé que se golpean el pecho y gritan, en definitiva seguimos siendo animales. Me aburren las opiniones involuntarias, la gente que rellena hermosos espacios de silencio con su monótona voz, me aburren los puntos de vista, todo pierde sentido, nada que tenga que ver con la humanidad me motiva lo suficiente. Me aburre el progreso, el ser proactivo, productivo, predictivo, positivo, me aburre sobrevivir, me aburre el patriotismo, me aburre el sexo y la masturbación también me aburrió.
El semáforo cumplió su ciclo tres veces cuando finalmente me decidí a cruzar la calle, supe que este ser había vuelto a habitar en mi mente, cada tanto aparece, ya es parte de mi. Me pregunto, Qué sería de mi sin él? Me gusta ser él y me gusta ser yo y mi otro yo ese que hace mucho no aparece también me gusta, de hecho es el que más me gusta y realmente lo extraño.
A veces encuentro felicidad en los colores, en los gatos y en algunas plantas, a veces reviento de soledad y no encuentro consuelos y me auto-consuelo o intento engañar a mi monstruo con estupideces en vano, en definitiva intento ser un ratoncito más que corre por la rueda pero no me sale y no me va a salir.
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